Francisco Fernández Pardo
La independencia vasca
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La independencia vasca

La independencia vasca. La disputa sobre los fueros

Prólogo

Julio Caro Baroja

ITZEA (Vera de Bidasoa), agosto de 1990

Don Juan Antonio Llorente ha sido una personalidad destacada en el ámbito de la Historiografía española. Los extranjeros que dieron cuenta de su vida y obra en diccionarios y biografías generales, como las de Michaud y Didot-Hoeger, le tratan con respeto. En España tuvo peor prensa. De un lado, su Historia de la Inquisición produjo la cólera de los hombres de fe estrecha, con don Marcelino Menéndez Pelayo en cabeza. De otro, provocó la censura de juristas y canonistas por lo que escribió en torno a temas de Derecho Canónico. En último término produjo la inquietud y el desagrado de muchos vascos, como consecuenécia de sus investigaciones acerca de la Historia política y legal de su país. Llorente ha seguido con mala fama hasta nuestros días en los ámbitos que pueden definirse como conservadores. Se le ha reprochado muchas veces el haber estado al servicio de un poder superior y de ser un historiador aux gages. Es ésta una acusación que se parece a la que hacía Platón a los sofistas, porque cobraban por sus enseñanzas: pero en el mundo moderno casi todos somos asalariados.

Llorente vio desde dentro la Inquisición y creyó que había sido una institución perniciosa. ¿Cuántos no piensan -o pensamos- lo mismo hoy! Desde dentro también observó o creyó observar irregularidades en la vida eclesiástica. Era un liberal de su época y como tal escribió. Se le reprochó por afrancesado. También lo fueron Goya y Moratín. Como ellos y por ello tuvo que buscar refugio en Francia, al final de su vida.

Llorente pagó, en suma, ser hijo de su época y haber escudriñado a su modo en los grandes temas religiosos y políticos que dominaron en ella y que dieron lugar a dos guerras civiles de las que ya no fue testigo. Sin embargo, una de sus obras, los cinco tomos de sus Noticias Históricas de las tres provincias Vascongadas aparecidos entre 1806 y 1808, parece contener la enjundia del conflicto en relación con el País Vasco. Esta obra de Francisco Fernández Pardo, riojano como él, expone claramente el tema: un tema que sigue dando mucho quehacer a los historiadores jóvenes, como se comprueba de modo constante. Pero en el quehacer del historiador, las circunstancias de tiempo y lugar en que lleva adelante su obra son las que -a mi juicio- importan más. El caso de Llorente lo ilustra mejor que cualquier otro. A pesar de esto resulta también que pasan las generaciones y los juicios se repiten. Hoy puede haber así personas que están cerca de Llorente y otras que quedan entre sus adversarios. Hay gente que cree -por ejemplo- que los fueros y las "libertades" del País Vasco han sido y siguen siendo algo con un contenido claro y distinto. Para otros, tales guerras y libertades significaban un instrumento de poder en manos de oligarquías locales y por lo tanto tenían poco que ver con un concepto de libertad como el que existe a partir de fines del siglo XVIII. Unos buscan en el pasado el modelo de lo que debe de hacerse en el futuro. Otros hallan siempre lo que no debe repetirse ni imitarse. Llorente, canónigo, empleado del Santo Oficio, jurista y conocedor de documentos antiguos, fue de los que pertenecían al segundo grupo.

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